Bajo el sol de Mendoza prosperan los olivos, la noble planta que desde tiempos inmemoriales simboliza la paz, pero también los logros de una tierra que vence la adversidad y vuelca en sus frutos todos los aromas y colores de la naturaleza. Aquí, al pie de la Cordillera de los Andes, así como en las sierras de Córdoba, se encuentran las plantaciones más antiguas del país, seguidas por las de Catamarca y La Rioja, aquí nacen las “Rutas del Olivo”.

En Mendoza se dan las condiciones climáticas ideales para la olivicultura: una gran amplitud térmica entre el día y la noche e inmejorables condiciones organolépticas, químicas y sensoriales.

 

 

Casi el 60 por ciento de la superficie olivícola mendocina corresponde a variedades destinadas a conserva, debido a la gran demanda de importadores mundiales; mientras que más del 20 por ciento se orienta a la producción de aceite de oliva. El 16 restante se encuentra implantada con variedades doble propósito.

Emulando los ya tradicionales “Caminos del Vino” se está instalando una interesante propuesta de turismo rural: “La rutas del Olivo”, que consiste en recorrer desde plantaciones olivícolas, incluyendo la de olivares centenarios, hasta el recorrido de las almazaras (fábricas) industriales y artesanales y la degustación de exquisitos platos que ofrecen los principales restaurantes de la provincia de Mendoza.

Otra tentadora invitación es la “olivoterapia”. Masajes antiestrés y antioxidantes, con aceite de oliva extra virgen (de primera prensada) y sus extractos esenciales, que se brinda en más de un hotel spa y también son parte de las llamadas Rutas del Olivo.

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