Un día entre bodegas y viñedos por los caminos del vino, éxtasis para todos los sentidos.

“¡Miren los colores del Cerro del Plata y el Cordón de Plata cubierto por la nieve. En una mañana limpia, sin nubes, sin viento, es como si los tocáramos con las manos!”, exclamó nuestro guía, que organiza inteligentes tours por las bodegas, mientras circulábamos hacia la bodega Catena Zapata (en Agrelo), con un paisaje teñido por álamos, eucaliptos, rosas mosqueta y aguaribay, que, por momentos, parecía fuera de este mundo. Era nuestro tercer día, la visita a Catena Zapata mostró otro de los rostros de la Ruta del Vino: una construcción monumental que reproduce la ruina maya de Tikal (en Guatemala) y recibe a muchos turistas, una gran producción de vinos de alta gama que comenzó el inmigrante italiano Nicola Catena en 1902 en la tierra prometida y continúa hoy con la pasión y los conocimientos que le impuso a la bodega Nicolás Catena en las últimas décadas.

Escuchamos atentamente las historias y consejos brindados por la experta en uno de los lujosos salones de la bodega. Por ejemplo, cómo se degusta un vino en cuatro pasos: colocar la copa contra un fondo claro a 45°, llevar el vino a la nariz sin agitar la copa, agitarla y percibir sus aromas y, finalmente, hace un buche en la boca para detectar su sabores. El cuarto paso –el sabor del vino en la boca– fue el más celebrado por el grupo, que se aplicó con destacable fervor a probar los cuatro varietales del 2011 servidos para la ocasión: DV Catena Malbec Nicasia Vineyard, de los viñedos de San Carlos; DV Catena Adriana Vineyard Malbec, de Guaratarí; Angélica Zapata Cabernet Franc Alta, del Valle de Uco, y Dv Catena, Cabernet Sauvignon, de Viñedo La Pirámide.

Esa gente le da una importancia fundamental al lugar de la cosecha y deben tener sus razones. El excelente enólogo de Zapata fue terminante: “Somos simples actores para expresar y tratar de cuidar al máximo lo que nos viene del terruño y de los distintos viñedos. Personalmente, como enólogo y como tomador de vinos, me resulta más atractivo conocer de dónde viene lo que tomo que conocer a qué sabe”. Luego de varios tragos y con buenas medidas de la grapa de la casa, viajamos mentalmente a esos terruños y acaso sintieron el agradable relámpago que te perfora la parte del cerebro que registra las sensaciones puras.

El almuerzo de ese día no se quedó en la zaga. El restaurante Osadía, de la bodega Dominio del Plata, de Susana Balbo, es un sitio que despierta los espíritus dormidos con un cuidado jardín que se pierde en los viñedos y en las montañas lejanas. Cosas para destacar: el plato estrella de la casa, Ceja de Aberdeen Angus con Ratatouille Clásico y caviar de setas; algunos de los excelentes vinos –todos premiados– que elabora Susana Balbo: Críos Malbec, Brioso, Torrontés Reservado, Nosotros y los que produce el enólogo y gerente de la bodega Edgardo del Pópolo: Ben Marco Expresivo, malbec y pinot noir. No probamos todos, pero los que probamos te transportan a esferas celestiales. En ese almuerzo difícil de olvidar, nuestra guía desnudó sus sentimientos: “Yo amo a la gente. Mientras más se toma vino, más se aprende y más se ama”.

La visita a la bodega de la familia Zuccardi en Maipú, el cuarto día, fue otra celebración de lo que, en el fondo, persigue todo viajero: vivir el instante sin sacrificarlo al futuro. Esa sucesión de instantes comenzaron en los aromáticos salones que venden los productos de Zuccardi, continuaron con las explicaciones del enólogo y una visita a la fábrica de aceite de oliva y su restaurante, y culminaron en la orgía gastronómica que protagonizamos en la Casa del Visitante.

¿Se viaja para recordar? ¿Cuántas veces mojamos ese día un pan fresco en el aceite Zuelo, ligero o espeso, amargo y picante? ¿Cuántas empanadas se comieron en el agasajo informal que nos ofreció Julia Zuccardi? ¿Quién se olvidará del Menú Degustación de siete pasos (y siete vinos) que saboreamos en el restaurante principal? Tengo para mí que la lista era suntuosa: Alma 4 Pinot Chardonnay, Zuccardi Q Chardonnay, Serie A Chardonnay-Voigner, Serie A Sirah, Zuccardi Q Tempranillo y Malamado Malbec. Prolongamos la celebración en el patio sombreado por un frondoso parral con una botella de Zuccardi Aluvional Gualtallary 2013. En instantes como aquellos, la mente parecía flotar sin pensamiento sobre el verde prado alfombrado de tréboles y la mirada se perdía entre los olivos y los aguaribay.

Con el cerebro invadido por esos buenos “caldos”, intuimos que ese espacio tenía una admirable unidad y era tan puro como el aroma de los árboles y la amistad verdadera.

¿Cuál de estas cavas te gustaría visitar? Tenemos una variada oferta de excursiones regulares y en privado para que puedas disfrutar de los Caminos del Vino de Mendoza, consultá aquí.

 

Fuente: Clarín, Juan Bedoian

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