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En La Cuevas está ubicado el famoso Cristo Redentor (en el llamado Paso de los Andes), imagen religiosa edificada a casi  4.000 metros de altura en la frontera con Chile.

De siete metros de alto y cuatro toneladas de peso, fue realizada en 1902 por el escultor Mateo Alonso utilizando el bronce de las armas del Ejército de Los Andes. Con su pedestal de granito, de 6 metros de altura, la imagen domina la vista panorámica de los valles y montañas cercanas. Es una imagen de Jesús Nazareno, con su pie derecho sobre un globo terráqueo y una cruz en su mano izquierda, que mira siguiendo la línea del límite.

Normalmente es posible visitarlo en los meses de enero y febrero de cada año, de acuerdo a las condiciones climáticas. El acceso lo controla Gendarmeria Nacional quien determina si las condiciones de seguridad son adecuadas para accederlo.

Cerca de Las Cuevas se encuentra también el túnel Cristo Redentor que permite, a través de sus 3.080 m. de longitud, acceder a Chile. Además, a 6 kilómetros, aproximadamente está Portillo, el complejo de esquí más importante del país trasandino, y a 154 kilómetros, Santiago, su ciudad capital.

 

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Breve historia del Monumento al Cristo Redentor

El monumento al Cristo Redentor es una obra realizada por el escultor argentino Mateo Alonso que fue erigida en el paso de Uspallata, junto en la línea de la frontera argentino-chilena a 3854 msnm, por iniciativa de monseñor Marcolino Benavente, obispo de Cuyo.

Inaugurado el 13 de marzo de 1904, el Cristo Redentor sirvió para conmemorar la superación pacífica de un conflicto por cuestiones de límites que había llevado a ambos países a estar al borde de la guerra. Un fragmento del discurso del obispo de Ancud, Ramón Ángel Jara, dado durante ese día, resume la intención y el simbolismo del monumento:

«Se desplomarán primero estas montañas, antes que argentinos y chilenos rompan la paz jurada a los pies del Cristo Redentor». Esta frase se encuentra hoy reproducida al pie del Monumento.

La historia cuenta que en aquel entonces los dos países estaban decididos a iniciar una disputa. El conflicto generado por la falta de definición de los límites ya venía de larga data y llegó a un punto tan crítico que cada uno por su lado había comenzado a preparar sus armas y fortalecer su ejército.

Tras la firma de los tratados para frenar el conflicto, la armonía chileno-argentina buscó ir más allá de los papeles. El obispo de Cuyo, monseñor Marcolino del Carmelo Benavente, propuso extender el mensaje que en ese momento el Papa León XIII dirigió al mundo en su encíclica en pos de la paz mundial. Así, con el objetivo de que tanto la imagen como el mensaje de Jesús se impusieran por sobre la violencia que implica la guerra, Benavente, junto a Ángela Oliveira Cézar de Costa, organizó colectas y hasta consiguió el bronce de antiguos cañones para erigir la estatua.

Hay una réplica del monumento en el Palacio de la Paz, en La Haya, donde sesiona la Corte Internacional de Justicia.

La obra fue declarada Monumento Histórico Nacional y Patrimonio Cultural de la Nación por el gobierno argentino en 2003.

 

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