El Parque Nacional Sierras de la Quijadas está ubicado en Hualtarán, a 116 km. al noroeste de la ciudad de San Luis. Es uno de los parques nacionales más nuevos del país, creado en 1991 para resguardar tesoros paleontológicos, tales como huellas gigantes de dinosaurios, formaciones rojizas de los periodos jurásico y cretácico –que brotaron de la tierra cuando se elevó la Cordillera de los Andes–, y el espectacular Potrero de la Aguada, un valle de 4000 hectáreas rodeado por increíbles acantilados rojos.

El nombre “Quijadas” tiene su historia: a fines del siglo XIX, en la zona del Potrero de la Aguada, se refugiaban bandidos que asaltaban las carretas que se dirigían desde Buenos Aires a San Juan. Luego de asar las cabezas de los vacunos robados, los forajidos dejaban los restos óseos desparramados.

En la región fueron encontrados restos fósiles y huellas de dinosaurios. Los rastros son de saurópodos, ornitópodos y terópodos. También se hallaron fósiles de una especie de reptil volador que poseía una singular mandíbula con muchos dientes flexibles, que usaba para filtrar los microorganismos base de su alimentación, su nombre científico es Pterodaustro Guiñazui.

En el Parque Nacional Sierras de Las Quijadas la escasa vegetación está representada por jarillas, arbustos, cactus, quebrachos blancos, y otras especies adaptadas al árido suelo. Mientras que entre la fauna se destacan especies en peligro de extinción como el gato moro, la vizcacha colorada y el picho ciego menor; así como también especies de supervivencia crítica como el gato montés, distintos zorros, el puma y el guanaco. Habita el lugar además una apasionante avifauna compuesta por ejemplares de halcón peregrino, cóndor, ñandú, cardenal amarillo, cisne de cuello negro, águila colorada. Todo lo cual hace de este parque un centro de atracción irresistible para los amantes de la naturaleza y la vida.

 

Circuito de Sierras de la Quijadas

Al comenzar el circuito, aparece una serie de veintitrés hornillos, utilizados hace siglos por los antiguos pobladores huarpes –pueblo que desapareció alrededor del siglo XVIII– para la cocción de piezas moldeadas de cerámica.

El punto culminante es el valle del Potrero de la Aguada, un mirador natural ubicado frente a una descomunal depresión del terreno, rodeada por los farallones verticales de una gran muralla roja. En esa gran hoyada, formada hace 120 millones de años, se despliega un cambiante trayecto delimitado por unos acantilados de 250 m de altura. Es un laberinto de grietas, con galerías sin salida y sinuosos cursos secos de agua, formado por la acción de las lluvias y el viento.

Uno de los lugares más asombrosos del Parque Sierras de las Quijadas es el borde de un acantilado donde aparece una gran huella de dinosaurio. La experiencia es realmente impresionante, ya que no se trata de una huella borrosa sino de un molde perfectamente definido en el terreno, con una profundidad de cinco centímetros.

Como si se hubiese producido un día antes, en la huella se notan las tres pezuñas de la pata de un saurópodo de cola larga, una especie cuadrúpeda y herbívora que fue la de mayor tamaño en la zona. Esta clase de fenómeno es llamada ignita por los científicos y consiste en una huella que, por hallarse petrificada, permanece inmune al paso del tiempo y la lluvia.

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