Si bien la historia de las termas arranca en épocas remotas, fueron los Romanos quienes las desarrollaron en todo su Imperio, generando un fenómeno socio-cultural de impresionantes dimensiones tanto desde lo estructural como desde lo social, ya que las termas se convirtieron en grandes centros de ocio, salud y negocios. En la civilización romana, las termas eran consideradas como un servicio fundamental, al que todo ciudadano debía acceder.

La historia de las termas nos dice que en Roma, en el siglo XVI ya se tenían referencias escritas sobre las aguas termales de nuestro suelo y sus propiedades para la salud. El jesuita chileno Alonso Ovalle publicó esa referencia en el año 1646 sobre Puente del Inca, como también lo hizo el padre Diego Rosales en 1647 sobre Pismanta (San Juan). La zona de Cacheuta era habitada por tribus huarpes. Siglo y medio antes de la entrada de Pizarro en los dominios de Atahualpa, en el año 1598, estas termas fueron incorporadas al dominio de los incas y se inicia por entonces una peregrinación de enfermos desde Cuzco (Alto Perú), para aprovechar los vapores y darse baños en estos espejos de agua de la fuente termal de los “Baños de la Punta del río”, como los denominó luego el conquistador. Estas fuentes termales, que se extendían a lo largo de toda la cordillera de los Andes, para los incas revestían un carácter sagrado.

 

 

La historia de las termas ha quedado documentada con algunos vestigios (Termas de Reyes en Jujuy y Puente del Inca en Mendoza), visitados anualmente por miles de turistas que han reemplazado el origen sagrado de las aguas por las propiedades medicinales y terapéuticas de la medicina moderna.

En las actas del Cabildo de Mendoza en 1882 aparece un documento que revela el aprovechamiento de los baños y uno de los primeros en concurrir por razones de salud fue el fraile Félix Aldao.

Otro hito en la historia de las termas se produce después de la Segunda Guerra Mundial, la hidroterapia comenzó a desarrollarse junto a un importante conjunto de técnicas que utilizan el agua como único fármaco: vapores, algas, barros y arcillas en su estado más natural.

En Argentina el termalismo es un recurso utilizado turísticamente desde 1920, en Mendoza tuvo su época de esplendor entre 1930 y 1960.

 

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