San Carlos, baluarte de la tradición cuyana, es un remanso entre viñedos, alamedas y girasoles; sus senderos están siempre enmarcados por el paisaje precordillerano y por panoramas deslumbrantes de montañas, oasis y desierto convirtiéndolo en un espacio ideal para el descanso, la reflexión y el descubrimiento.

Circuitos turísticos religiosos, histórico y culturales; desafiantes propuestas de aventura; alternativas rurales por los Caminos de Altamira, y mucho más se podrá encontrar en San Carlos.

Cuenta con excelentes servicios al turista, basando su oferta de alojamiento fundamentalmente en posadas, fincas y estancias rurales, pero respaldándose también en hospedajes urbanos y campings acondicionados con buenas comodidades.

San Carlos se sitúa en el centro oeste de la provincia de Mendoza, aproximadamente a unos 100 Kilómetros de la ciudad capital.

 

 

El cauce más importante del departamento es el río Tunuyán. El mismo recorre el límite norte del departamento y proporciona agua para riego desde el dique Valle de Uco. Cuenta con las mismas características geográficas y climáticas que los departamentos de Tunuyán y de Tupungato, siendo éste el de mayor extensión, con una superficie de 11.578 km2.

Es la sede de la Fiesta de la Tradición y el paraíso de la pesca deportiva. San Carlos ostenta un pasado fascinante. En su territorio se conservan los restos del histórico fortín San Carlos (Monumento Històrico Nacional), construido en 1770 como defensa contra las invasiones indígenas. Aquí también tuvo lugar el encuentro entre el General San Martín y el cacique Ñacuñan, donde este último le presta su apoyo para la campaña libertadora.

El General San Martín, el libertador de América, pidió a los aborígenes pehuenches autorización para cruzar sus tierras y atacar a los realistas, por los pasos de El Portillo y El Planchón. Allí se exhiben los cañones originales, así como la cruz y la pila bautismal de la antigua iglesia San Carlos Borromeo.

En los últimos años, en este departamento, ha tomado particular auge el turismo aventura y el turismo rural. Recorrer fincas con historia, degustar vinos, amasar pan, deleitarse con la gastronomía del lugar, son invitaciones a descubrir sabores incomparables que se suman al atrayente encanto de la vida de campo.

 

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