El Pozo de las Animas se encuentra a unos 58 Km. de la Ciudad de Malargüe, camino al Valle de las Leñas.

Este singular paisaje ubicado en el Valle de los Molles asombra por lo curioso de su formación. Se trata dos grandes depresiones llamadas dolinas, que fueron erosionadas por ríos subterráneos dando origen a dos espejos de agua verde-turquesa, dos enormes huecos circulares de 300 y 265 metros de diámetro, con laderas que se desploman desde, aproximadamente, 90 metros de altura. Una pared delgada separa ambos espejos de agua.

Junto a formaciones similares en Sudáfrica y Yugoslavia, el Pozo de las Animas es un espectáculo natural inédito.

En el Pozo de las Animas el viento sopla permanentemente y aquí radica la causa del silbido que, según la leyenda, corresponde a las voces de almas en pena (los originarios habitantes de estas tierras, los mapuche, llamaban a este sugestivo lugar “Trolope-Co”, o “agua del gritadero de las ánimas”), de aquí que por siglos su nombre es protagonista de varias leyendas que han transcurrido en la historia de los pobladores rurales de generación en generación.

 

 

El Pozo de las Animas puede ser visitado todos los días del año, su entrada es gratuita y el ingreso es sumamente accesible. Los kilómetros previos son de una belleza paisajística realmente increíble. La cordillera se muestra en toda su imponencia. Es un lugar ideal para los amantes de la fotografía. Si nuestro fin es la fotografía y el contacto con la naturaleza, sin duda el verano es la mejor época para visitar al Pozo de las Animas, ya que en invierno está todo cubierto de nieve y sólo si hay buen clima el sol se refleja en el agua de los pozos.

La leyenda del Pozo de las Animas

La leyenda que se relata en el lugar, cargada de supersticiones, cuenta que dos pueblos rivales que habitaban uno a cada lado de la Cordillera de los Andes mantenían una relación muy tensa cuando, en cierta ocasión, el pueblo del lado chileno (de costumbres aguerridas) estaba persiguiendo al reducido número de pobladores locales, de la zona de Los Molles. Cuando cayó la noche los perseguidos, advirtiendo que no se oían más los gritos de sus enemigos, retornaron a sus hogares dando algunos rodeos por si había alguna treta urdida por sus rivales. Al día siguiente, con las primeras luces, retornando al lugar comenzaron a escuchar algunos lamentos que les llamaron la atención. Con cautela siguieron avanzando y se sorprendieron con la presencia de dos enormes pozos que se habían hundido bajo los pies de sus perseguidores.  En el fondo se encontraban los cuerpos moribundos de sus enemigos. Sus gemidos asustaron a los observadores, quienes desde ese momento veneraron la formación que los había salvado dándole el nombre de “lugar en que lloran las ánimas”. Además la tradición regional sostiene que a este lugar van a rezar y llorar las almas que vagan en pena por las montañas.

 

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